Es la perla de Pernambuco, los posters de sus playas abundan en todos sus ressorts de la región. La realidad es otra. Por mala suerte llegamos en feriado, ese fin de semana es puente, y la enorme cantidad de turistas brasileños nos deja impresionados.

Su programa: hacer el lagarto, beber cerveza, salir, comer bolitas fritas, comprar artesanía barata y beber al lado del maletero de su coche con la música a tope.

Evidentemente no hay camping, y los hoteles han doblado sus precios.

La playa y el agua forman el paisaje típico d los catálogos de vacaciones, pero de más cerca podemos ver mejor las botellas de aceite, vasos de plástico y latas que decoran la arena blanca !

Nos quedamos una noche y nos fugamos 30km al sur, donde reina la paz !